Mis células, teñidas de tu azul profundo, cuentan
que del mar soy, y tus aguas me sustentan.
Huyo hacia el cielo, pero gritas mi nombre
y me orientas.
Heredera incesante.
La voz de mi Yo atlante surge adelante,
cuando intento huir
y tú me convocas a ser isleña constante.
Tu profundidad a mí me llama,
y con asombro admiro tu alma.
Mi pie, en tu orilla inquieto, se acerca discreto,
y es respeto lo que te tengo,
porque en tu poder yo me encuentro, pues…
Cuando observo tu memoria,
me veo sumergida en tus hazañas,
carne de la tierra,
alma de tus aguas.
Islas Canarias.
A ti me doblego,
como alguien sin armas,
pues ahora comprendo
que mi única baza
es rendirme a tu llamada.
Sobre esta roca de fuego,
nacida de tus entrañas,
espero con calma,
hasta que un día regreses
y me sumerjas de vuelta
en tus aguas.
Olibama Hernández

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