El Infinito…
tan familiar como el aliento,
tan inalcanzable como el horizonte.
Se deja sentir,
pero no retener.
Siempre aquí,
pero nunca se queda.
Sostiene todo,
pero no se aferra a nada.
Es la vibración que no se oye,
el pulso que atraviesa el cuerpo,
la presencia callada
que llena cada célula.
La raíz invisible
de todo lo que existe.
El Infinito da y quita.
Sacude, calma, desconcierta.
Se deja intuir,
pero nunca abarcar.
Te invita a sentir,
pero no a poseer.
Y tú caminas hacia Él,
hasta que entiendes
que no hay un lugar al que llegar.
Así es su danza:
un acercarse sin tocar,
un estar sin estar,
una certeza hecha de misterio.
El Infinito no tiene juicios.
No entiende de correcto o incorrecto.
Tan solo de experiencia.
Entonces camina.
Sin prisa.
Sin molde.
Sin meta.
No hay mapa.
No hay llegada.
Hay paso.
Hay aliento.
Hay presencia.
Eres una chispa viva
de la infinitud misma,
una gota de eternidad
expresándose en forma humana.
Porque tú eres Yo.
Y Yo soy el que Soy.
El Infinito que respira en ti.
Olibama Hernández

Deja una respuesta