Las dos

Ella y yo.
Dos partes de mí
en diálogo constante.

Tan entrelazadas,
y aun así, a veces, tan distantes.

Una que observa,
otra que se convierte en la observada.
Una que gesta en la quietud,
otra que lleva al mundo lo creado.
Una que nutre desde adentro,
otra que sale a ofrecer lo sagrado.

En esa danza íntima
entre alma y ego
es que sucede mi alquimia.

Ni tan de allá,
ni tan de acá.

Eso soy:
puente entre dimensiones.
No solo luz,
no solo materia.

La hermosa mezcla
de lo eterno y lo efímero,
desde la corona que escucha lo divino
hasta los pies que honran lo terreno.
Desde el susurro del alma que guía
hasta el acto que manifiesta el misterio.


Olibama Hernández

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